LAS REGLAS (I)

Has renunciado a tus derechos como persona y te has entregado como esclavo. Te has convertido en un ser inferior cuyo destino es servir y adorar a su Ama. No tienes nada y no esperes premios por cumplir con tus obligaciones, por lo que no debes molestar a tu Ama con súplicas o peticiones. Tu vida girará alrededor de los deseos de tu Dueña y sólo vivirás para satisfacerlos.

Estas son las reglas que regirán tu vida cotidiana y que debes cumplir sin excusas de ningún tipo.

En Mi casa estarás siempre desnudo y con collar. El mobiliario es de uso exclusivo de tu Ama, por lo que no te está permitido usar sillas, sofás, mesas, camas, etcétera. Te sentarás y tumbarás únicamente en el suelo.

Tu cabeza no debe superar nunca la altura de mi cintura, por lo que deberás moverte de rodillas o a cuatro patas. Sólo te estará permitido ponerte de pie para realizar trabajos que lo requieran (cocinar, hacer la cama).

Deberás tratarme siempre con el máximo respeto (tanto en Mi casa como en la calle). Te dirigirás a Mí siempre de usted y en todas tus frases usarás las palabras Ama o Señora (sí, Ama; enseguida, Señora). En la calle, me saludarás besando Mi mano.

Pedirás permiso para hacer todo aquello que no sea una orden directa Mía, incluso para beber agua o ir al baño. Deberás pedir permiso también para hablar. En público, en presencia de tu Ama, tratarás a todas las personas con respeto y no intervendrás ni discutirás con nadie si no es con mi consentimiento o aprobación.

Mantendrás siempre una actitud sumisa y servicial. Permanecerás en actitud humilde, con la cabeza agachada y la mirada baja, cuando te regañe o te castigue, sin quejas ni reproches.

Realizará todas las tareas domésticas y mantendrás siempre la casa limpia y ordenada. Recogerás todo de inmediato, mantendrás limpio el baño y tendrás siempre la ropa limpia y planchada. Asistirás y ayudarás a tu Señora a vestirse, a desnudarse, en la ducha o donde te reclame.

Cada noche pondré el despertador a la hora que debes despertarte y te levantarás en cuanto suene, sin hacerte el remolón ni volverte a dormir. El timbre del despertador es la primera orden de tu Ama.

Después de servirme el desayuno, lamerás Mis pies en señal de sumisión, sometimiento y disponibilidad. No te está permitido estar inactivo, pero si te concedo un descanso, lo realizarás en el suelo, a Mis pies. Darás las gracias lamiendo y besando Mis manos y Mis pies.

Tu comida consistirá en alimento para perros, pan y, si tienes suerte, algunas sobras de la comida de tu Ama. Dispondrás de un bebedero con agua del grifo. No te está permitido comer o beber otra cosa, salvo aquello que caiga o tu Ama te  tire al suelo. No te está permitido el uso de platos, vasos o cubiertos, por lo que comerás directamente en el suelo, todo un honor si consideras que lo pisa tu Dueña.

Dormirás encadenado y en el suelo, por lo que deberás tener previsto un vaso de agua para tu Ama, haber ido al baño antes, etcétera, dado que no podrás levantarte durante la noche.

En el caso de que decida concederte el honor de estar en Mi cama estarás igualmente encadenado.